lunes, 20 de septiembre de 2010

Detrás del mostrador: Karl


Hasta un día después de Karl salí de mi casa, mi primera impresión fue de un paisaje suburbano que terminó levemente vandalizado, tejas rotas, algunas hojas y un día engañosamente soleado, una brisa fresca delineaba los espacios mancillados y recorría mi espina.

Cuando llegamos a la carretera, hubo un momento de profundo silencio, hablo dentro de mi, ya que enfrente las voces de mis papas eran casi inaudibles, como si se encontraran ahogadas al exterior de una habitación de cristal, observe los espectaculares doblados como si un gran coloso con sus pesados pies los hubiera aplastado, las imagenes de propaganda política destrozadas, como yo imagine tantas veces hacer con mis manos y poner una lona blanca con una sencilla palabra en la tipografía mas modesta... verdad, asi mismo la publicidad de productos que solo embrutecen y crean falsas percepciones, desgarrados; fue un despertar abrupto.


Llegué al trabajo aun con las impresiones de lo visto perforando mi concentración, descubrí la peor parte de lo sucedido revelando fotos del desastre con clientes que no podían ocultar su angustia detrás de una sonrisa cortés o en su defecto con mas desesperación que lo habitual, fue hasta que me colocaron en la puerta que esta fue palpable, un desfile interminable de carritos con su peculiar escandalo pasando frenéticamente por la puerta, conocidos y desconocidos con una sensación a shock que penetraba mi cráneo y rompía mi estado autómata cuando solicitaba su credencial, recibía todo tipo de preguntas y protestas, preguntaban por el agua principalmente, el distanciamiento casi obligado, en la frialdad de mi trato, fue doloroso; las palabras de consuelo se quedaron atascadas entre la distancia de 1 metro.


Las horas que siguieron e intercedieron en el día, pertenecieron a la radio, me siento indignada ante la información que escuchaba de robos, cobros excesivos por servicios de rescate, falta de ayuda, cifras etc. Las voces de las personas que se econtraban atrapadas en sus hogares o que estaban presenciando saqueos en las casas de sus vecinos.
Cuando salí del trabajo caminé hasta el albergue para brindar mi ayuda, aun con los reclamos de ciertos clientes retumbando en mi mente, me encontré con varias personas en lo general jóvenes ofreciendo su ayuda una energía abrumadora de solidaridad, ayudé durante un rato en la cadena de recepción de donaciones y después me dirigí hacia atrás en donde un grupo de maravillosas personas que conocí por asares del destino estaban ayudando a los animales que ahí se encontraban, ya con la ropa sucia, cansados pero inquebrantables, me dirigí al refugio de animales transportando junto con otros voluntarios los nerviosos perros.


Fue conmovedor ver el amor de muchos de los damnificados por sus animales, una vez que entré un escenario perturbador,una habitación enorme de gente reunida con su familia sobre colchones, algunos durmiendo esperando que cuando despertaran todo solo resultara ser un mal sueño, vi un hombre secando fotografías viejas que logró rescatar de su casa que ahora se encuentra bajo el agua y el mirando al infinito, todos ahí reunidos resguardando las pocas pertenencias que les quedaron de años de trabajo. Bajé hacia el estacionamiento para encontrar historias de personas que llevaban mas de 48 horas despiertos, miles bolsas de ropa y los voluntarios que aun quedaban a esas altas horas de la noche clasificando las incontables bolsas , les ayudé durante un rato que deseé que hubiera sido mas, para ir a la casa de un amigo para descansar, el se encuentra sin luz y ya con poca agua, nos enjuagamos con una manguera, escuchando afuera los gritos necios de un electricista el cual falló en su labor.


A las seis de la mañana, apenas y me desperté para llegar a las siete de la mañana al refugio de animales, para encontrarme con el aire invadido de ladridos desesperados, los alimentamos entre un compañero y yo tratamos de tranquilizarlos, fue hasta mas tarde que llegaron el resto de los voluntarios, y empezamos a acomodar a los perros en espacios mas aptos, ellos aun nerviosos pero agradecidos. Mas tarde mis pies dieron de si y regrese a mi casa desplomándome en la cama soñando aun con el refugio, los demás continuaron con su labor.


Las desgracias traen consigo la fuerza magnética de la solidaridad y la demostración de lo que presumimos es el ser humano ideal, aun se necesita ayuda, no dejes pasar la oportunidad de brindar tu apoyo, hay veces que es momento de dejar entrar a alguien mas a la solitaria balsa y tirar una cuerda al que se encuentra combatiendo con la marea.


miércoles, 8 de septiembre de 2010

Mi actitud Bicentenario


Las calles decoradas, gritos confusos de entusiasmo, modelos extranjeras al estilo Gregory Colbert (region 4) presumiendo nuestras bellezas naturales, políticos portando grandes bigotes y sombreros de charro, televisión, radio, revistas, Internet, hasta camiones atascados de publicidad sobre los vencedores, los héroes y los villanos de la historia, todo esto me resulta abrumante, hasta el punto del mareo y por consecuente la nausea.


Donde quedó el México que perdió sus colores hace ya mucho tiempo, el que no es como los comerciales y las palabras nos obligan a parchar, aquel México que sufre de violencia y miedo, de la tierra que tiene sed y es torturada, de los enormes monstruos de concreto o acero que aplastaron árboles y especies, de aquellas sonrisas de políticos incrustadas de diamantes bañadas en oro y con trajes hechos de drogas y billetes, de las colas interminables de gente que esta buscando una oportunidad en la oficina de "recursos humanos: te explotaremos hasta que a nuestro superior ya no le convenga"; seguimos arrastrando con un pesado costal de apatía, soberbia, ingenuidad y mentiras.


después de esta despotricada (como me gusta esa palabra), deteniéndome antes de que me salga un cálculo renal, me dirijo hacia al lector, si es que le queda el saco, solo de una forma no completamente humilde: ¡Que carajos les pasa!


Creo firmemente que una de las características mas universales en los seres humanos es la desidia, si, lo reconozco, yo también la he sentido, sobre todo en los domingos; aun así uno puede actuar para transformar lo que está a su alcance. Aunque estas pequeñas acciones parezcan insignificantes tienen un efecto visible dentro de una sociedad, no veo el punto de quejarse si uno esta promoviendo agrandar el cáncer ya sea con apatía o negación.


Hay que reconocer que las viejas costumbres son difíciles de romper, pero cualquier cambio se crea a base de unas sucesión de acciones, como las que realizan grupos independientes, asociaciones civiles y comunidades unidas (véase ejido coronel castillo, martadero entre otros), que con toda honestidad la mayor parte del tiempo los tachan de idealistas o hippies (como si fuera algo malo...) , pero aun así sus acciones generan cambios aunque sea en la conciencia de las personas que se ponen en contacto con cualquiera de sus integrantes.


Mi actitud Bicentenario, si es de queja, por supuesto es de enojo, pero también es de cambio. Aunque solo tenga impacto en mi vida personal y los que se filtran en ella, la creatividad, el trabajo colectivo y una sonrisa ocasional sin ninguna razón aparente, es como yo, aunque parezca de una forma optimista quiero creer en mi México, el que esta hecho de madres, padres, amigos, abuelos, profesionistas, filósofos de la calle, de biblioteca o de naturaleza, maestros, alumnos y retirados, de gente con tribu o sin tribu, artistas, analistas, escépticos, curiosos, soñadores y realistas; no de políticos sucios, criminales, militares, policías corruptos, narcos y avaros.